sábado, 12 de junio de 2021

Tengo miedo, torero.



El cine funciona más cuando logra sintetizar momentos, sensaciones y personajes que los trascienden. El cine latinoamericano busca normalmente acoplarse a esos puntos para sobresalir, ahí donde los millonarios presupuestos no llegan. Con Tengo miedo torero, lo que podría ser el testamento del inmenso talento de Pedro Lemebel, se vuelve un emotivo y honesto viaje en el tiempo a la década de los 80 en el Chile bajo la dictadura de Pinochet, en un momento en que el contexto socio político exigía un compromiso inmenso, y de la misma forma un compromiso interno, con la persona que sos y lo que sentís. 


Alfredo Castro hace un papel enorme como el protagónico inesperado, que se ve envuelto en un dilema político-amoroso, que realmente cuándo no es la misma cosa? De esta forma, conocemos la vida y el contexto social en que la desarrolla el homosexual marginado por la sociedad, y utilizado por la gente con poder. Y lo vemos participar de uno de los momentos más críticos dentro de los años finales de la dictadura.

Cuando los personajes son tan fuertes e importantes, mucho del tema visual pasa desapercibido, y eso solo refuerza la portentosa dirección y la fina adaptación de la novela de Lemebel. Aunque hay segmentos que son ignorados para potenciar el retrato íntimo de los personajes, no le resta la inmersión en la coyuntura chilena nunca. 



El diseño de producción logra mostrar la forma de vida de la protagonista, y sus penurias, y sin embargo siempre es un personaje lleno de dignidad y amor. 

Desde la primera escena te logran atrapar y contextualizar al personaje. 

Como un excelente filme de contenido social, puedo recomendar Tengo miedo torero, de Rodrigo Sepúlveda, una película en que lo inesperado lleva a lo urgente, y donde el amor se esconde en el compromiso. 

Tengo miedo torero: 7/10

Trailer: 

miércoles, 9 de junio de 2021

Cruella, y la reimaginación del mal

 Disney tiene ya varios años de estar intentando producir películas sobre personajes de sus producciones animadas más conocidas desde perspectivas un poco más cercanas, adaptándolas al live action, con resultados, en general, bastante ordinarios. Para mí, todo eso acaba con la reimaginación del personaje de Cruella, en el más reciente de los proyectos que estrenaron. 

Lo que fracasó en El Rey León por la falta de espíritu, lo que fracasó en Beauty and the Beast por la falta de profundidad, y lo que apenas lograron por asomo en The Jungle Book, funciona de manera milimétricamente coordinada en el estilo propio de Cruella. 

Al fantástico trabajo de fotografía, de diseño de producción, y de vestuario, se le debe sumar una perfecta actuación de la pareja de Emmas, ambas maravillosas en sus respectivos papeles, acorde a lo que deberían mostrar. 



Definitivamente es una película que recomiendo, más allá de lo que podamos hablar en contrario, como el horrendo trabajo de CGI en los perros dálmata, y de las críticas por la mezcla de Devil Wears Prada y Joker que le podría resultar a cualquiera. Y es que Emma Stone hace un extraordinario papel con un personaje que era previamente unidimensional, y le da intensidad, volviéndose casi un misterioso Banksy, una activista de la moda, que va contra el canon de forma pública, aunque en privado tenga su propio plan de venganza. 



Los personajes están bien hilvanados, la historia se desarolla de forma sencilla y cautivante, y las motivaciones quedan claras. Por más innecesario que resulte humanizar a villanos que siempre hemos creído a ciencia cierta que son malvados porque así es su naturaleza, Cruella logra rescatar y justificar la maldad que desarrollará Cruella. Seguramente en una etapa intermedia entre esta y la pasada iteración del personaje. 

Veo fácilmente a esta película con un par de nominaciones al Oscar el próximo año, entre ellas Diseño de Vestuario, Diseño de Producción, y Canción Original. 

Cruella, disponible en Disney +: 8/10


Trailer: 


Space Jam: A new legacy, tan innecesaria como olvidable

 Cada cierto tiempo nos toca un remake que nadie pidió, y que parece solo confirmar que la industria ama demasiado el reciclaje de ideas. Y ...